Un gran concierto en una noche mágica

El ambiente en el coliseo jumillano del Teatro Vico presagiaba lo que minutos más tardes iba a ocurrir que no era ni más ni menos que un espectacular concierto anunciado como dos partes bien diferenciadas, “Eccomi”, (Aquí estoy), donde Cristina Toledo nos anunciaba un paseo por la ópera, y, en la segunda, el Réquiem de Carl Jenkins, una obra impactante, llena de magia que cautivó al numeroso público asistente. Comenzaba la Sinfónica de la UCAM bajo la batuta de Borja Quintas con la obertura de “Las bodas de Fígaro” poderosa, segura y con buen estilo, lo que venía a preludiar el extraordinario recital de la joven soprano madrileña Cristina Toledo quien anunciaba su programa como “un paseo por la ópera” y realmente así fue. Comenzó con el siempre arriesgado W.A. Mozart “Bester Jüngling”, donde estuvo ágil, con buen gusto, con una dicción limpia emitiendo perfectamente y una voz con ciertos timbres de dulzura, controlada con inteligencia que la hicieron estar muy sobresaliente en la quizás más arriesgada de sus intervenciones por tratarse precisamente del nada fácil compositor de Salzburgo sobre todo para los cantantes. Tras Mozart nos presenta una bonita aria de Romeo y Julieta de Ch. Gounod, “Je veux vivre”, donde de nuevo estuvo brillante con unos pianos perfectos, aportando a su calidad vocal unas inmejorables dotes escénicas donde combina gracia y dramatismo resolviéndolo a la perfección. Tras una breve pausa donde la Coral Discantus interpretó con escrupulosa corrección y gran calidad vocal el “Va pensiero” de la opera Nabucco de G. Verdi, era el turno de El Pescador de Perlas, una ópera exótica de G. Bizet ambientada en Ceilán, con el aria “Me voilà seule dans la nuit...” En la más dramática de todas las piezas, de nuevo Toledo dio muestras de una gran interpretación con tonos ligeramente oscuros, una coloratura fluida, nada forzada y gran elegancia en sus trinos.

Llegaba el turno del “Vals de Musseta”, de La Boheme. Espléndida mostrando el elegante descaro del personaje, estuvo inspirada, con una voz fresca, de nuevo un timbre limpio, como fue la tónica general toda la velada y, sobre todo, un fraseo con inmejorable gusto lo que pone en evidencia la exquisita formación musical de esta joven cantante.

Terminó el concierto con la “Gavota” de Manon donde Toledo explotó todos sus recursos y se metió a un público, ya de por sí entregado, en el bolsillo. Este fue, a mi juicio, el momento de mayor calidad del concierto donde lució una espectacular facilidad para el agudo sin ser estridente, su coloratura lirica ligera ya de por sí la hace una consumada especialista en este tipo de arias, un sonido limpiamente proyectado, elegante, rico y reluciente con gran carisma vocal y una muy seria y trabajada profundidad emocional escénica.

En resumen, un gran recital de Cristina Toledo, en esta gira con la Sinfónica de la UCAM que comenzó en la localidad murciana de Jumilla el pasado 25 de febrero y terminará en Madrid en el Auditorio Nacional el 9 de mayo.

 

“Un Réquiem es una misa por el alma de un difunto. He usado en general la habitual distribución de los movimientos en latín, pero, de acuerdo con mi gusto por mezclar ideas de otras culturas, he incluido también cinco poemas haiku japoneses” así describe el compositor Carl Jenkins (Gales 1944) su Réquiem que fue interpretado en la segunda parte por la Coral Discantus, Paloma Friedhoff, Anna Gomá, Inés Olabarría y la niña Virginia en su breve intervención en el “Pie Jesu”. Posiblemente haya sido el estreno en España de esta magnífica obra en versión original del compositor. La obra se presenta con una instrumentación prácticamente de orquesta de cuerdas, con un shakuhachi (en su defecto flauta)  y dos trompas a lo que se suma la sección de percusión con algunos instrumentos étnicos de la cultura japonesa. Las canciones haiku incluye melodías muy cercanas al folklore de ese país, generalmente presentadas el shakuhachi en palabras del propio Jenkins. Obra de contrastes donde un comienzo cuasi romántico contrasta con el “Dies Iriae” a ritmo de hip-hop. La coral Discantus llevaba la obra bien aprendida y fue sometida a una serie de exigencias muy particulares como el acompañamiento de la sección de voces graves en algunos de los temas haiku. El coro se enfrentaba por primera vez a la partitura de Jenkins y lo solventó de manera brillante respondiendo con flexibilidad y precisión a las indicaciones dinámicas de Borja Quintas, intenso y rítmico en el casi frenético “Dies Iriae”, afinado en el comienzo “a capella ” en el “Confutatis”, romántico en la introducción y “Pie Jesu” llegando a emocionar al respetable en fragmentos como el “Lacrimosa” o “In Paradisum”. Su interpretación se puede calificar de sobresaliente, buen trabajo de su director Ángel Carrillo.

El terceto solista integrado por la soprano Paloma Friedhoff, Ana Gommá como Mezzo e Inés Olabarría como Contralto actuaron como un terceto homogéneo, suficiente en la proyección y volumen de las voces y muy conjuntado. Paloma Friedhoff consumada especialista en el oratorio brilló con luz propia en sus intervenciones, proyectó con decisión en los agudos y estuvo impecable en el fraseo y la dicción con un emocionante “Pie Jesu” en el que compartió escenario con la niña Virginia Ferro.

Anna Gomá e Inés Olabarría esplendidas en sus intervenciones en las canciones haiku, articulando correctamente, fraseando y proyectando las voces con naturalidad en definitiva se observó un alto nivel de compenetración del terceto solista.

Para finalizar la orquesta nos regaló un bis final, el “Benedictus” de la Misa de la Paz también de Carl Jenkins, una verdadera joya muy emotiva que puso el broche final a un gran concierto.

La orquesta sinfónica de la UCAM estuvo bien, ajustada y con un sonido agradable y poderoso, con alguna ligera imprecisión propia del estreno de un nuevo programa, destacando los pasajes donde la cuerda asumía el protagonismo absoluto, percibiéndose impetuosa y timbrada.

Borja Quintas esplendido, seguro en las entradas, con un gesto elegante, sabiendo acompañar a los cantantes, tanto a Cristina Toledo como a las solistas del Réquiem, un gran trabajo del director madrileño quien a pesar de su juventud es ya un experimentado director de orquesta con un futuro más que prometedor.